Latinoamérica sin Fronteras
Argentina Esperanza por Rolando Lazarte.

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Argentina Esperanza

Enviado el Miércoles, 18 de diciembre de 2002 (12:25:57) por Webmaster

Rolando Lazarte
[Traducción: Manuel Ramírez. Revisado RL]

Hay una notable distorsión informativa en lo que respecta a lo que se está viviendo en Argentina. Por ejemplo, el artículo de la revista República, de febrero de 2002, año 6, n. 64, pp. 84-87, intitulado "El caos agentino..." Es tan absurdo este artículo, que podría ser tomado como modelo de cuanta distorsión puede ser introducida en la información sobre un fenómeno único en la Historia del país del sur. Pero no haremos el favor de hablar de él a Mónica Yanakiew, autora de ese pastiche de palabras que podría haber salido de la imprenta del The Wall Street Journal. O de la oficina de prensa de la Casa Blanca.

Los telenoticieros que informaron sobre el cacerolazo del 20 de diciembre de 2001, que puso en la calle al presidente De la Rua, mostraban escenas de saqueos en supermercados y en comercios, represión policial, vandalismo. Quien vio, del exterior, las noticias sobre la protesta en Buenos Aires, no tenía duda: Argentina ardía. Hubo represión, sí. Y saqueos, también. Pero las autoridades involucradas --incluyendo el ex presidente De la Rua y su ministro Cavallo, además del Jefe de la Polícia Federal autora de la represión-- fueron procesados judicialmente por la violencia que segó más de 30 vidas.

Es difícil -sino imposible- resumir en pocas líneas lo que viene ocurriendo en la Argentina desde el día 20 de diciembre de 2001. El movimiento de las Asambleas de Barrio, inspirado en la experiencia de la gestión del presupuesto participativo en marcha en Porto Alegre, viene extendiéndose por todo el país, con enormes variaciones de lugar para lugar, de ciudad para ciudad, de barrio para barrio.

La pérdida de legitimidad de las autoridades políticas (presidentes, gobernadores, legisladores, jueces, concejales), de los "políticos" como dice la gente, pone un signo de interrogación en cuanto al futuro del país de Borges y Cortázar, de Gardel y Mercedes Sosa. El ilegítimo presidente Duhalde continua, con una inercia asombrosa, ejecutando los gestos de una comedia que ya acabó, para endeudar aún más al país, aumentando una "deuda" externa tramposa, ilegítima, salvaje. Leer, a este respecto, la entrevista del premio Nobel de la Paz, Pérez Esquivel en la revista Cadernos do Terceiro Mundo: "Moratoria no: auditoria a la deuda externa, eso sí".

El "colapso de Argentina", anunciado y repetido insistentemente por la prensa brasileña, no esconde la satisfacción de los que lucran con la explotación de la gente, con el sacrificio de los trabajadores, con la alienación de las personas no importa a que clase social pertenezcan. El derrumbe de la Argentina no existe. Es el fin, eso sí, de un sistema de robo institucionalizado. De un sistema de dominación oligárquica contra cualquier ética, cualquier lealtad que no sea la conveniencia propia, llámese coima, comisión, soborno, privilegio, o el nombre que se le quiera o se le pueda dar.

Es el fin de las ideologías, de los partidos, de las instituciones, de los líderes. La gente vuelve a creer --o lo hace por primera vez-- en sí misma, en su propia capacidad de ver, oír y sentir. Nadie les va a decir lo que deben hacer o porque deben o no actuar, pensar o sentir, como ocurrió en el pasado.

Los argentinos fueron burlados en su fé en la democracia. Fueron engañados en su confianza en las instituciones políticas: partidos, parlamento, presidencia, gobiernos, municipalidades... Las ideologías, las afiliaciones partidarias, nada significan en un país en que radicales y peronistas, católicos y ateos, civiles y militares, llegando al poder, invariablemente lo ejercieron en beneficio propio, personal, particular, de la camarilla. Nunca al servivio del sector social que los eligió o que les dio legitimidad. Así, Mendes prosigue con el recetario de EEUU-ONU-FMI oriundo de la dictadura militar de Videla, en franca contradicción con los principios fundamentales del ideario peronista. Vende el patrimonio nacional a precio de banana, desemplea, estafa. Tanto como lo habían hecho el radical Alfonsín o la dictadura.

Los argentinos se preguntan: cómo fue que permitieron esa expropiación. Por qué no protestaron antes. Protestaban,  pero aisladamente. Los trabajadores por aquí, los funcionarios estatales con sus salarios atrasados por allá, los jubilados con sus vencimientos recortados más allá. Ahora, todos protestan al unísono, incluyendo la clase media que tuvo sus ahorros confiscados, como en el Brasil del Plan Collor.

Los periódicos de Brasil hablan de la colapso de Argentina, bancarrota del país, violencia, ruina, guerra, crisis. Hasta la "izquierda" brasileña lo ha dicho, con todas las letras: "lo que ocurre en Argentina jamás ocurrirá en Brasil". Ellos saben de qué están hablando.

Este país dijo BASTA a los políticos, a los jueces ladrones, a la mentira institucionalizada, a los privilegios de los parlamentarios vendidos. Lo que aquí se respira es un aire de renacimiento, de lo que ningún periódico brasileño habla. Pero nosotros, que creemos en la Argentina, tenemos la obligación de decir lo que pasa por aquí.

Las personas volvieron  a creer en sí mismas. No se derrumban presidentes por mero deporte. Ni se pide la dimisión de la Corte Suprema de Justicia por cualquier aversión a la Justicia. Es que el pueblo se cansó de los privilegios, de la corrupción, de las mentiras, de la falta de vergüenza institucionalizada.

Y esto, no conviene a los políticos brasileños, es obvio. No vaya a ser que el ejemplo cunda.

Hay en la nueva Argentina, algo que los periodistas brasileños niegan: ESPERANZA. Confianza de la gente en sí misma, más que en ideologías, líderes o partidos.

Este sentimiento de re-fundación de Argentina está mezclado con incertidumbres sobre el rumbo del país, no hay duda, y de miedo a la vuelta de los militares, porqué no.

Después de todo, esta gente tiene memoria y dignidad, y sabe colocar a los asesinos vendepatrias fuera de la ciudad, fuera de la sociedad. Fuera de la vida institucional: hace poco tiempo atrás, la población levantada extinguió, mediante protestas a lo largo y a lo ancho del País, el servicio militar obligatorio.

Es saludable ver que los políticos son escarchados por la gente, por más que, en uno o en otro caso, el procedimiento pueda parecer injusto. Cuando son identificados por las calles, las personas los abuchean y los obligan a volver a sus madrigueras. Es lógico: la población pasa apuros, sufre desempleo y subempleos, han reducido salarios, ¿por qué los ladrones de corbata la iban a pasar bien?

Es la alborada de un nuevo tiempo, mis amigos, y es bueno estar en este pedazo de América que, como pocos en Brasil saben, es un continente y no un país.

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